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FELIPE FERNÁNDEZ ARMESTO:
“La riqueza de la historia consiste en sus riquezas y ambigüedades”

Felipe Fernández-Armesto se cuestionará en la conferencia inaugural , que lleva por título ¿Qué es la civilización atlántica?- ¿Qué es lo que los historiadores del atlántico estudian o deben estudiar? ¿Existe de veras una civilización atlántica? Y en caso de que sí, ¿en qué consiste? ¿Qué sucede en el mundo de los historiadores del atlántico? ¿Una integración de acercamientos y disciplinas a un nivel superior de análisis, o una nueva fragmentación?

“Historiadores de Canarias - y Antonio Rumeu de Armas más que nadie - fueron pioneros del estudio del Atlántico como marco de la historia mundial. El Anuario de Estudios Atlánticos, fundado a mediados de los años cincuenta, cuando la “civilización atlántica” o el “mundo atlántico” eran términos claves de la retórica política de la guerra fría -ha sido la prueba y crónica de sus esfuerzos. Pero hay que reconocer que la idea no vino a difundirse fuera del mundo hispanoparlante hasta que Charles Verlinden sacó el significado de la civilización atlántica de su aceptación política, dándole un sabor cultural, y Pierre Chaunu desarrolló el concepto explícito de un “espacio atlántico” de intercambios culturales, siguiendo el rumbo de la escuela Annales desde el mediterráneo de Braudel. Hoy en día -como si en homenaje a D. Antonio y a los fieles del AEA- la historia atlántica se ha convertido en una aproximación muy de moda, sobre todo en los EE.UU. Pero viene a ser cada vez más debatida entre partidarios de diversas perspectivas y metodologías”, explica Felipe Fernández-Armesto.

El XVII Coloquio de Historia Canario-Americana da comienzo este lunes a las 10.30 horas con la sesión inaugural de Felipe Fernández-Armesto, historiador y miembro de la Facultad de Historia Moderna en la Universidad de Oxford y del Instituto Holandés de Estudios Avanzados, que se cuestionará ¿Qué es la civilización atlántica?. Con esta conferencia quedará inaugurado el encuentro colombino, que se desarrollará desde este lunes, día 2 de octubre hasta el próximo viernes, día 6 de octubre, en la Casa de Colón, centro museístico dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria. El investigador, que no ha querido desvelar las claves de su conferencia, ha respondido a algunas preguntas relacionadas con la historia de Canarias.

Podría adelantarnos las claves de la conferencia inaugural del XVII Coloquio de Historia Canario-Americana ¿Qué es para usted la civilización atlántica?
Si fuera fácil contestar, no valdría la pena de plantear la pregunta. En mi libro CIVILIZACIONES conté unas 32 definiciones tradicionales del término y luego propuse otra más. Lo que voy a sugerir es que hay varias civilizaciones atlánticas, y – bajo la óptica de la mundialización – ninguna.

¿Qué es lo que los historiadores del Atlántico estudian o deben estudiar?
Lo que les dé la gana. No estoy por recetar estudios a los demás. Pero para mí la gran tarea de mi disciplina académica consiste en investigar los intercambios culturales que moldean el mundo – en este caso, intercambios a través del atlántico – y en estudiar las relaciones de las culturas humanas con su morada natural, o sea con el mundo físico y las demás especies que lo ocupan – en este caso, el océano, las orillas que la rodean, y las cuencas de los ríos que allí desembocan.

¿Qué sucede en el mundo de los historiadores del Atlántico: una integración de acercamientos y disciplinas a un nivel superior de análisis o una nueva fragmentación?
Ambas cosas. Afortunadamente, no somos bichos lógicos y la riqueza de la historia consiste en sus paradojas y ambigüedades.

¿Cómo veían antes los historiadores el Atlántico y cómo lo ven ahora?
En cierto sentido, la conceptualización del atlántico como espacio de formación de culturas empezó en el siglo XIX entre geógrafos alemanes que pensaban en buscar estructuras geográficas – una especie de andamiaje de las civilizaciones – para explicar las grandes diferencias culturales que existían en el mundo. Luego, bajo la influencia de la segunda guerra mundial y la guerra fría se levantó un concepto un tanto distinto del océano como eje del occidente. Ahora no sentimos el mismo temor hacia totalitarismos ajenos (aunque sí se mantiene cierta ansiedad hacia un "terrorismo" mundial que me parece una especie de fantasma), sino estamos iniciando una nueva aproximación al estudio del espacio atlántico más matizada y un tanto más histórica y menos distorsionada por las preocupaciones de la actualidad.

¿Cuántas acepciones ha tenido el Atlántico?
Muchas, pero en fin de cuentas es un término inventado por los geógrafos, como todos los océanos; la realidad es que el mar es una unidad y las zonas que cuentan – las, digamos, que ejercen una influencia auténtica en el mundo – se definen por vientos y corrientes.

Usted ha asegurado que la historia atlántica se ha convertido en una aproximación muy de moda, sobre todo en los Estados Unidos, pero viene a ser cada vez más debatida entre partidarios de diversas perspectivas y metodologías…
Sí. La cultura del país donde ya vivo y trabajo sigue siendo bastante anglófona y – si existiera tal palabra diría que – norteocéntrica. Pero el atlántico inglés y el atlántico negro, reconocidos por la historiografía norteamericana, no son sino una parte pequeña del caso.

¿Qué papel tiene la inmigración en Canarias, un tema que cada vez parece estar adoptando más relevancia?
La veo como una muestra de la multiplicación de los intercambios culturales, y una prueba más de que el atlántico no es un océano blanco ni "occidental" en la acepción rutinaria de la palabra, sino que lava otras orillas y aporta otras gentes. Los inmigrantes son problemáticos en el campo económico, pero no los veo en absoluto como una amenaza cultural, ya que la historia demuestra, en general, que la cultura se enriquece con cada nueva aportación. Claro que Canarias puede seguir siendo un país español, pero no al estilo de siempre. El cambio es la única ley ineludible de la historia.
 


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