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| “España necesita que haya una política firme,
sino se lanza todo el mundo al mar” |
Desde el punto de vista político, ¿cómo ve usted la política en la
actualidad?
Yo he tenido una experiencia política. Fui senador de UCD en la época de
la transición por Huesca, luego estuve con Suárez –en gran operación
política que lamentablemente fue a pique, y digo lamentablemente porque
si esto no hubiera sido así, el mundo de los nacionalismos hubiera
quedado en un segundo plano, y es el gran mal que aqueja a la España de
hoy; ahora se han convertido en protagonistas-, también fui director
general de Emigración, en el Parlamento Europeo, donde estuve 12 años,
que es una plataforma de ver el mundo en general… Después de todo esto,
yo veo el actual panorama con notoria preocupación, es muy preocupante.
Después de todo el esfuerzo de la transición y de que por primera vez un
país como éste que ha estado siempre dando mandatos de un lado para
otro, en manos de quien ha tenido más poder en un momento determinado,
pues se ha llegado a un sistema civilizado de concordia de alternancia,
eso que se llama el espíritu de la transición, creo que esto por
desgracia ha quebrado. Ahora estamos en otra sintonía que me parece muy
preocupante, es decir, la de dos grandes partidos políticos
absolutamente dispuestos los dos a negar la evidencia de cualquier cosa
buena que haga el otro. Luego me parece terriblemente preocupante el
llamado proceso de paz, que no tiene absolutamente nada que ver, aquí es
otra cosa, y es el protagonismo de los terroristas, y luego ya la
inmigración…
Usted ha sido Director de Emigración. En Canarias lo que tenemos
ahora mismo es el fenómeno de la inmigración. ¿cómo cree que está
llevándolo el Gobierno y qué soluciones propondría?
Yo creo que lo está llevando mal. No se puede crear expectativas de
que quien ponga los pies en España puede quedarse aunque no tenga los
papales adecuados ni venga legalmente, porque eso genera la inmigración.
Eso es lo que han criticado todos los ministros europeos ahora mismo. Si
la gente cree que sin papeles terminan regulando su situación pues
deciden venir. Mire usted lo que ha sucedido en la conferencia reciente
de ministros que han tocado este tema. En general, lo del famoso efecto
llamada es evidente. La gente cree que se queda se produce ese efecto
que genera docenas, centenares o millares de pobre gente que lógicamente
quiere mejorar sus condiciones de vida, pero esto supongo que como
consecuencia de los reproches y reprimendas que el Gobierno ha recibido
ahora por parte de las autoridades europeas, me imagino yo que esto se
normalizará. Nadie sabe dónde están, si se les devuelven, si llegan 100,
200 o 300. España necesita que haya una política firme, sino se lanza
todo el mundo al mar. Lo que hay ahora es una política oscilante y
basculante. Este tema afecta en la médula de la historia de Canarias.
Todo el mercado del trabajo, posibilidades asimilación…Cada persona
merece todo el respeto y la atención del mundo, pero como fenómeno
social hay que regularlo políticamente y hay que tener los pies en el
suelo. Esto es como la invasión del imperio romano, que no fue con
ejércitos, sino los pueblos de Escandinavia se desplazaron de norte a
sur con las familias, el burro, la suegra…y se metieron. Ahora vienen en
Cayucos.
¿Podría hablarnos de algunos aspectos de su conferencia de
clausura?
Mi conferencia trata sobre cómo se gobernaba la monarquía en España
desde los Reyes Católicos hasta las Cortes de Cádiz. España tenía una
cantidad de territorios infinitos, de distinta naturaleza jurídica,
estaba América, ya se habían incorporado las Canarias desde hacía
siglos, y esos territorios se gobernaban desde Madrid, desde el Escorial
con Felipe II de una manera, con unos consejos, que eran unos órganos
colegiados, y con unos secretarios del rey, que eran quienes llevaban
los papeles. Lo que yo explico es cómo se gobernaba la monarquía
española en el Antiguo Régimen y cómo de un sistema de gobierno con
organismos colegiados, como el consejo de Castilla o el Consejo de
Indias. Se pasó luego al Consejo de Gobierno con ministros, que ya eran
gente funcionarios unipersonales, es decir, una sola persona importante.
Por ejemplo, en América se pasó de gobernar con un organismo colegiado
que era el consejo de Indias a un Ministro de Indias. Es decir, explico
cómo se gobernó España en la Monarquía Universal y cómo ese gobierno
pasó de ser un gobierno con órganos colegiados (los consejos) a ser un
gobierno con ministros, que es lo que tenemos en nuestros días. El
sistema de gobiernos por consejos en el siglo XVIII hizo crisis y se
pasó al sistema de ministros. Es decir, en el fondo la conferencia es
también una explicación de los orígenes del actual régimen ministerial.
¿Qué relación guarda su conferencia dentro del marco de la
Historia de Canarias?
Es un título de conferencia por elevación, porque todos los territorios
de la monarquía estaban engarzados en ese sistema. Hablamos del sistema
general. Luego ya cada territorio era gobernado por autoridades que
dependían de ese gobierno central.
Resumen ponencia
SESIÓN DE CLAUSURA
EL GOBIERNO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA DEL EL ANTIGUO RÉGIMEN
Con la unión de las coronas de castilla y Aragón y la constitución del
Estado Moderno, España se gobierna desde el siglo
XVI por un régimen llamado polisinodial, es decir, de varios sínodos u
organismos colegiados. De ese régimen polisinodial se pasará al
ministerial, de Secretarías del Despacho o Ministerios, que aparece en
el siglo XVIII y dura hasta nuestros días. En la charla se analiza ese
proceso y sus cambios.
El régimen polisinodial se compone de dos redes complejas de
organismos colegiados: la más permanente e
importante, de consejos, y la más efímera y
cambiante de Juntas. La de consejos se organiza en el siglo XVI,
multiplicando y desglosando los antiguos consejos medievales de Castilla
y Aragón, y creando otros. Nos encontraremos así con tres tipos de
Consejos:
a) los territoriales, como Castilla, Aragón, Indias, Italia, Portugal
o Flandes, para regir los diversos territorios;
b) los de competencia material (Inquisición, Hacienda, Ordenes,
Cruzada, Consejos de Cámara), para materias específicas, y aquellos
otros inmediatos al monarca y que él preside (estado y guerra). En el
siglo XVI los reyes gobiernan esos consejos con
la ayuda de los secretarios, y en el XVII con la ayuda de los validos.
En este mismo siglo se hace habitual una segunda red, la de las juntas,
competente en asuntos o problemas determinados, creada sobre todo a
instancias de los validos para controlar el gobierno al margen de los
Consejos.
En el siglo XVIII, y a partir de la llamada Secretaría del Despacho
Universal, que es objeto de sucesivos desgloses,
se articula un nuevo sistema, el de los
Secretarios de Estado y del Despacho. Se mantiene el régimen de
consejos, pero el rey va detrayendo competencias a los Consejos para
transferirlas a esos Secretarios del Despacho, convertidos pronto en
verdaderos Ministros. Tal operación se lleva a cabo por la vía
reservada, en virtud de la cual el monarca se reserva competencias y
asuntos de los Consejos, que luego entrega a los Ministros. En el siglo
XIX, el decadente sistema polisinoldial es suprimido, con lo que queda
como único el ministerial, presidido por un Primer Ministro que es al
principio el Ministro de Estado y luego otro cualquiera nombrado para
ello. Esta figura será el precedente del Primer Ministro Constitucional,
cabeza del partido político que gana las elecciones.
A fines del XVIII, los Secretarios del Despacho, que hasta entonces
han despachado por separado con el rey, se reúnen
juntos para tratar temas comunes en la llamada Junta Suprema de Estado,
que será a su vez el precedente del Consejo de Ministros que aparece en
el siglo XIX.
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