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| MANUEL LOBO: “En Canarias
hemos tenido la suerte de tener una triada de historiadores
importantes: Antonio Rumeu de Armas, Antonio Bethencourt y
Francisco Morales Padrón” |
Usted ha participado en varias ediciones del Coloquio de Historia
Canario-Americana. ¿Cuál es, según usted, la importancia de este
encuentro colombino?
Los coloquios son un elemento fundamental primero por dar a conocer
Canarias, segundo por el momento en que se iniciaron fue una oportunidad
para los jóvenes investigadores que estábamos en Canarias y que no
teníamos vehículo de expresión para poder comunicar lo que estábamos
investigando; y en tercer lugar porque permite contactar con gente de
otras latitudes, cambiar experiencias sobre las investigaciones que se
están haciendo. No tengo nada más que palabras buenas y positivas para
el Coloquio. Además, es que yo fui un pionero en la participación de los
coloquios. Yo he participado todos los años salvo éste, que he estado
más liado. Siempre he considerado que tengo una deuda moral con los
coloquios.
Uno de los seminarios de la décimo séptima edición del Coloquio,
el de Piratería, Corso y Guerra Marítima, se ha celebrado como homenaje
a don Antonio Rumeu de Armas…
Tengo que decir tanto y bien que condensarlo es difícil… Don Antonio
Rumeu primero es una figura emblemática y casi única en la historia de
Canarias. Abrió unas perspectivas nuevas con la nueva historia, porque
él en su propia obra monumental, que es la más citada, sobre las
piraterías, hace un tipo de estructura de lo que son las piraterías y el
Atlántico y de hecho fue una obra principal destacada no sólo en
Canarias sino también por historiadores importantes del momento. Eso
desde el punto de vista de la historiografía, aunque don Antonio, al
margen de su dedicación a la investigación canaria, a la que nunca
abandonó, como maestro, también, aunque no fue el mío, el mío fue don
Antonio Bethencourt, puedo decir que era un hombre cercano del que se
aprendía constantemente. Nos abría las puertas del Anuario como un
elemento de difusión de los que se hacía en Canarias. Era una revista
señera en el Archipiélago. Tengo una deuda con él muy fuerte, tanto
desde el punto de vista historiografía, como desde el punto de vista
humano. Todos los homenajes que se le hagan a don Antonio Rumeu son
pocos.
Yo creo que en Canarias hemos tenido la suerte de tener una triada de
historiadores importantes: Antonio Rumeu de Armas, Antonio Bethencourt y
Francisco Morales Padrón.
Francisco Morales Padrón comentaba en la presentación de esta
edición del Coloquio que la Historia en la Universidad estaba muy mal.
¿Qué tiene usted que decir a este respecto?
Yo no soy tan pesimista porque tampoco puedo serlo. Yo creo que es
posible que ahora mismo haya otra serie de conocimientos con más fuerza
y pujanza por el momento en que se vive, pero yo creo que la historia
sigue siendo una disciplina importante y necesaria. Todo el mundo
debería conocer algo de historia para no equivocarnos. Aquí tenemos un
grupo de gente que sigue trabajando, hay gente joven que se ha
incorporado. Pero también es verdad que las ayudas económicas y
proyectos tienen unas áreas prioritarias donde la historia no entra. Y
también en segundo lugar porque las plantillas de las universidades,
pero no sólo en historia, están colapsadas. Por todo ello es difícil que
entre savia nueva. Supongo que se refería Morales padrón a eso.
Por otro lado, hay un desconocimiento de la historia de la religión.
Los que damos historia tenemos que hacer un ejercicio para explicarle a
los alumnos los conceptos fundamentales para que puedan entender el
proceso que se les explica. Incluso mucho más en la historia del arte.
También comentaba Morales padrón en su intervención que la novela
histórica lleva a la confusión porque muchas veces los hechos narrados
no pertenecen ala historia, sino que pertenecen a la ficción…
Pero precisión. Si es novela no puede ser historia. Y la novela en
el fondo es ficción. Mientras haya novela histórica bendita sea, porque
los personajes sí pueden cambiar, la trama del resultado de historia,
pero en el fondo libros como El Código da Vinci tiene algo de historia,
pero en el fondo es una especie de best seller. Es bueno que aunque sea
desde el punto de la novela haya historia de fondo. Recuerdo ahora los
libros que salieron en su momento sobre la vida y los amores de Juana la
Loca. Pero eso atrae la curiosidad y entonces bienvenida sea.
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