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 Portada de Néstor para
Las Rosas de Hércules |
Y he recordado
El breve rincón de un pueblecillo;
unas tapias musgosas de encarnado ladrillo
y un jardín que tenia limoneros en flor.
Una pequeña rubia como fruto dorado,
cuyas pupilas eran de una apacible luz,
y un audaz rapazuelo de correr alocado
vestido con un traje de marinero azul.
Primavera era el hada de sus juegos pueriles
En la huerta sonaban los gritos infantiles
que callaban, de pronto, bajo la tarde en paz;
Cuando una voz llegaba, serena y protectora,
desde el balcón, donde una enlutada señora
llamaba dulcemente: Guillermina
Tomás.Tomás
Morales
Las Rosas de Hércules.
(L.I). Vacaciones Sentimentales
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El Poeta Tomás Morales
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Tomás Morales nació en la calle de los Álamos, en Moya, en la casa que
habitaban sus padres y que actualmente se ha convertido en la Casa-Museo
Tomás Morales. Su nacimiento tuvo lugar el 10 de octubre de 1884. Sus estudios los realizó en el Colegio de San Agustín, en el tranquilo
barrio de Vegueta, donde unos años antes había estudiado también Benito
Pérez Galdós.
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| Esta institución de
la enseñanza canaria estuvo primero dirigida por López Botas y más tarde por
otro pedagogo insigne: Mesa de León, a quien Tomás le dedica un poema lleno
de admiración titulado “Por la muerte de un educador” y que comienza así:
“Se ha dormido el maestro de la faz venerable,
divaga ya en la sombra su intelecto robusto;
al igual que su vida, su muerte fue admirable:
¡La muerte de este anciano fue la muerte del justo!”
“Epístolas, elogios, elogios fúnebres”
Libro II de Las Rosas de Hércules
Los estudios universitarios de Medicina los comenzó en la facultad de Cádiz,
trasladándose luego a Madrid. El ambiente literario madrileño estimuló las
aficiones poéticas que alentaba el joven estudiante. Comenzó a asistir a las
tertulias que se celebraban en casa de la conocida escritora Colombine,
pseudónimo de Carmen de Burgos, donde tuvo la oportunidad de recitar sus
primeros versos y conocer a los autores más en boga en aquellos momentos:
Díez Canedo, Salvador Rueda, González Blanco... Precisamente sería Salvador
Rueda quien le prologaría su primer libro poético, Poemas de la gloria, del
amor y del mar, editado en 1908 por Magdaleno Castro. A partir de estos
años, Tomás Morales se vincula a la literatura, continúa escribiendo versos
y dando recitales, y su nombre se señala ya como uno de los mejores
representantes del Modernismo. En 1910 obtiene la “flor natural” en los
Juegos Florales de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, donde Unamuno
actuó como mantenedor. En el Ateneo madrileño tiene lugar la lectura de Las
Rosas de Hércules por el propio autor, publicándose el libro en 1919,
dedicado a sus padres, don Manuel Morales y doña Tomasa Castellano. En 1920
se le tributa un homenaje en el Hotel Metropol, en el transcurso
del cual el poeta recitó varios de sus poemas, con su peculiar acento.
Finalizada su carrera, Tomás Morales comienza a ejercer en la villa marinera
de Agaete. Allí contrae matrimonio con Leonor Ramos de Armas y recibe a sus
muchos amigos en su casa. Poetas, artistas, médicos y periodistas visitan a
Tomás Morales y amenizan las agradables tertulias, desde Néstor y Claudio de
la Torre hasta Saulo Torón y Alonso Quesada, pasando por Rafael Cabrera,
Colacho Massieu y Luis Doreste Silva.
Los últimos años de su vida los pasó Tomás Morales en
Las Palmas de Gran Canaria, ejerciendo su profesión de médico. Quiso hacer
una incursión en la vida política, presentándose al cargo de consejero del
Cabildo Insular, del que fue vicepresidente. Una inexorable enfermedad
acabó con su vida el 15 de agosto de 1921, cuando sólo contaba con 36 años
de edad y hubiera podido continuar escribiendo, curando enfermos o
defendiendo los intereses de su isla. El Cabildo encargó al escultor
Victorio Macho el diseño de su mausoleo. El Ayuntamiento capitalino acordó
que el mismo artista modelara un busto de bronce del poeta para que fuera
colocado en el Parque de San Telmo, lugar del que sería trasladado al Paseo
de Tomás Morales, donde se encuentra en la actualidad.
En 1922 apareció, póstuma, la segunda edición de Las Rosas de Hércules, con
un elogioso prólogo de Enrique Díez Canedo. Este libro, que reúne sus
poemas, volvió a ser editado por el Cabildo Insular de Gran Canaria en 1977,
conservando el prólogo de edición de 1922, en Las Palmas.
Entre sus obras también debemos incluir una pieza teatral en prosa titulada
La cena de Bethania, representada en 1910 por la sociedad de “Los Doce” y
publicada en 1955 por Sebastián de la Nuez. Tomás
Morales, como casi todos los jóvenes poetas de su
tiempo, se sintió atraído por el estímulo de Teatrillo de los Millares. El
tema de este cuadro dramático es el de la visita que hizo Jesús, camino de
Jerusalén, próxima ya su muerte, a casa de Simón el Fariseo (Lucas 7, 36-50)
donde se encuentra con Magdalena y dice la parábola del hombre que perdonó
la deuda de unos denarios.
Las fuentes sobre las que se construye la obra poética de Tomás Morales se
podrían clasificar en:
- Culturales: de donde
se extrae principalmente información histórica, artística y mitológica.
Esta es una fuente que adquiere una especial importancia dentro del
movimiento modernista.
- Literarias: fuente común a todos los escritores.
- Naturales: se trata de la información que el creador va a buscar
directamente a la naturaleza.
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Asimismo, dentro de la obra poética de Tomás Morales podemos distinguir
fundamentalmente dos épocas:
1) Desde 1905 ó 1906 hasta la publicación de Poemas de la gloria, del amor y
del mar en 1908, donde predominan las siguientes características:
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a.- Simbolismo: predominan el sentimentalismo literario y las evocaciones
medievales y exóticas, con personajes tales como princesas tristes y
caballeros enamorados. A este grupo pertenecen poemas tales como “Bodas
aldeanas”, “Envío” o “Palinodia”.
b.- Retoricismo: predominan dos corrientes: el Modernismo retórico con
influencias románticas y posrománticas, y el Modernismo de inspiración
clásica española, cuyos ejemplos claros se encuentran en Rubén Darío, Villaespesa, Machado, etc.
c.- Realismo y literatura: con elementos tomados directamente de su niñez,
de recuerdos del colegio, del pueblo donde vivió, del patio de la casa donde
jugaba, etc. Se trata de poemas como los incluidos en “Vacaciones
sentimentales”.
d.- Realidad y Poesía: son poemas donde se canta al puerto, al mar, a los
marinos, a las fragatas veleras, etc. Lo encontramos en “Poemas del mar”.
2) Este segundo período comienza en 1909, con predominio de un ritmo más
amplio en métrica e imitaciones y adaptaciones de las formas clásicas
latinas y su mitología. Nos referimos a poemas tales como “Britania máxima”,
“Salutación a Rueda”, “Himno al volcán”, “Balada del niño arquero”, “Oda al
Atlántico” o “Alegoría del otoño” entre otros.
También están presentes durante este período elementos culturales de los
tiempos modernos, que se ven reflejados en poemas como “Elegía de las
ciudades bombardeadas”, y elementos culturales de tema no histórico tomados
de la literatura misma, como por ejemplo el poema “A Rubén Darío en su
última peregrinación”.
Todos los poemas de Tomás están llenos de decoro. En cada verso, y hasta en
cada palabra, hay un empeño de belleza y de pulimento. Nada se deja al azar:
predomina la precisión verbal, los sustantivos llenos de significado y los
adjetivos apretados, ya que en toda su poesía la fuerza plástica de las
descripciones es de vital importancia.
Así, encontramos comentarios tan acertados como el de Francisco Villaespesa:
“Tomás Morales es el más fuerte de todos los poetas jóvenes de España, el
más culto, el de ritmo más amplio y el de la paleta más fastuosa”, o el de
Salvador Rueda: “el arte de Tomás Morales tiene realidad, amplitud,
grandeza, arrebato épico, y un modo de lanzar la imagen que es lo que
caracteriza más a los poetas, tiene cierta pujanza de cíclope”. (ARTILES, J.
y QUINTANA, I., 1978: 192).
Centrándonos ya en Las Rosas de Hércules, esta obra viene a ser un compendio
de sus poemas más conocidos. Está formada por varias partes, cada una de las
cuales presenta una unidad temática determinada: “Vacaciones sentimentales”,
“Poemas de asuntos varios”, “Poemas del mar”, “Himnos fervorosos”,
“Alegorías”, “Epístolas, elogios y elogios fúnebres”, “Poemas de la ciudad
comercial” y “Palabras de la amistad”.
“Vacaciones sentimentales” comprende seis poemas donde el autor evoca su
infancia. En ellos Tomás buscaba, como escribió Ramiro de Maeztu, “el valor
profundo de las cosas que aparentemente valen poco” (ARTILES, J. y QUINTANA,
I., 1978: 196). Son, por lo tanto, poemas llenos de recuerdos infantiles:
los primeros juegos, las primeras amigas, el primer paisaje, el primer beso,
la noche aldeana, los verdes maizales, los gallos madrugadores, el hijo del
herrero y el recuerdo de la hermana.
En “Poemas de asuntos varios”, que dedicó a Villaespesa, se combinan
elementos mitológicos, grecolatinos y eróticos.
Los “Poemas del mar” quizás constituyan la parte más conocida del libro.
Está formada por dieciséis sonetos, un final, una dedicatoria a Salvador
Rueda y un largo poema titulado “Los puertos, los mares y los hombres de
mar”. Hacen referencia a diversos puertos que ha conocido el poeta: Las
Palmas, Santa Cruz, Cádiz, Lisboa, etc. y forman un verdadero tributo lírico
al ambiente portuario.
Casi todos los temas fundamentales del mar de Tomás Morales aparecen ya en
Ignacio Nerín, que publica en Madrid en 1860 su libro de motivos marinos
titulado La poesía del mar. Por lo tanto, salvando las características
peculiares de cada uno, podríamos considerar a Ignacio Nerín como el
precursor de Tomás Morales. Sin embargo, la obra de Tomás marca un momento
cumbre en la literatura canaria, ya que ningún otro poeta supo elevar a tan
egregia altura este mar. Por eso, el gran poeta y catedrático, nacido en
Telde, Fernando González, escribió con exactitud estas palabras:
“En Cádiz estudió Tomás Morales los primeros años de la carrera de Medicina.
Luego, de una manera irregular la terminó en Madrid. En sus viajes, en época
de vacaciones, sobre el Atlántico, aprendió el ritmo de las ondas, se nutrió
de noción de lo infinito, abasteció su despensa intelectual de substancias
eternas y, dueño de una verdad casi desconocida, empezó su cantar. Su voz
poética era un acento nuevo en la poesía española de entonces. Cantaba al
mar. Cada estrofa suya era como un trozo de Océano, cuyos versos fueran
cuatro olas que iban a morir a la playa armoniosa de la rima.” (PADRÓN
ACOSTA, S., 1966: 356).
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“Himnos fervorosos” se compone de varios cantos de gran aliento épico, donde
destacan algunas composiciones sobre el tema de la I Guerra Mundial y sobre
todo la “Oda al Atlántico”, que consta de veinticuatro partes y es un
grandioso homenaje al gran Océano y a los intrépidos navegantes que se
atrevieron a surcarlo en la remota Antigüedad, en el tenebroso Medievo o en
el esplendoroso amanecer del Renacimiento, marcado por los grandes
descubrimientos geográficos. |
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“Oda al Atlántico” es su máxima creación, la cumbre de su plenitud
artística. No existe en la poesía española un canto al mar tan maravilloso
como éste. Es un “mar no mitológico, aunque mitos marinos ostente; es un mar
de espumas saladas, mar de yodos y de arrecifes y de peñascos y de arena y
de playas”. (PADRÓN ACOSTA, S., 1966: 358).
En la “Oda al Atlántico” convergen todos los elementos fundamentales y
constitutivos de los grandes poemas de Las Rosas de Hércules. El mar de la
Oda como resumen y síntesis de los mares imaginados, vividos y soñados por
el poeta. En ella se nos ofrece la culminación del tema Mar-Hombre,
Mar-Tierra, Mar-Destino. En esta Oda se canta al mar desde su origen, en su
eterna relación con los dioses y los hombres.
Es una silva modernista con 80% de versos alejandrinos, un 18% de
heptasílabos y un 2% de endecasílabos. La Oda está encuadrada entre la
primera y la última estrofa, correlativas entre sí, en las que el mar
aparece como objeto personal del amor, de posesión juvenil, de fuente de
fortaleza. Empieza proclamando su amistad y dotándolo de todas las hermosas
cualidades de su masculinidad, enlazándolo con su éxtasis de asombro y de
encanto de la época juvenil.
Morales logró como ningún otro poeta la visión y la expresión poética del
mar, de sus elementos relacionantes y de sus hombres no por mera casualidad,
no porque fuera un poeta isleño, sino porque el tema se infiltró en su ser
desde su propia infancia. El mar de Morales es el mismo que sus ojos
contemplaron desde su niñez, desde los rincones del pueblo de Moya, donde
nació.
En “Alegorías” destaca la “Balada del niño arquero” donde la llegada del
amor se representa bajo su disfraz clásico de Eros, armado con sus temidas
flechas, hacia las cuales el poeta quiere ser esquivo, pero ante las que
termina por ceder.
En “Epístolas, elogios y elogios fúnebres” encontramos diversos poemas
dedicados a próceres isleños, como Luján Pérez, Néstor, Pérez Galdós,
Bernardino Ponce, Fernando Inglott, Luis Millares Cubas, etc. También a su
antiguo profesor Diego Mesa de León dedica una dolorosa elegía titulada “En
la muerte de un educador”.
Los “Poemas de la ciudad comercial” son bastante conocidos y cantan el auge
que iba adquiriendo la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria por aquellos
años. Las Palmas y Santa Cruz son ciudades muy jóvenes. En el siglo pasado,
según el testimonio del cronista canario D.J. Navarro, Las Palmas era
todavía poco más que un pueblo indolente, sucio y sin los más elementales
servicios públicos: sin posadas, sin luz, sin policía urbana... Aun contando
con la exageración del cronista la diferencia entre aquella población de
alrededor de ocho mil habitantes y la de hoy es realmente extraordinaria.
Tomás, en el “Canto a la ciudad comercial”, describe minuciosamente a su
ciudad de Las Palmas, señala su emplazamiento “sobre la ensenada, siguiendo
la curva del litoral”, sigue luego el relato de su historia y de su rápido
incremento con la instalación de casas armadoras y carboneras en el puerto
de La Luz. Contrapone el silencio sereno del barrio de Vegueta (al que añade
una bella descripción de la casa típica canaria) con el agitado tráfico del
puerto y la vida bulliciosa de la calle de Triana. La calle mayor era
entonces el lugar de confluencia del comercio isleño , con sus toldos de
lona dando sombra a las aceras, sus tiendas de turcos, sus ingleses, su
chirriante tranvía, etc.
El libro finaliza con “Palabras de amistad”, donde se recogen poemas
dedicados a su esposa, a sus amigos, al volcán, etc.
Las Rosas de Hércules es un libro que refleja exactamente la época en que
fue escrito, por lo que además de su valor intrínsicamente poético, aporta
valiosos elementos de información histórica para reconstruir el ambiente y
la vida de la isla a principios del siglo XX.
Para terminar, es preciso nombrar de manera breve la importancia de la
figura de Rubén Darío, no sólo como representante máximo del Modernismo sino
por la gran influencia que ejerció sobre la producción de Tomás Morales. De
él aprende sus sederías, sus gemas, sus brocados y esa métrica maravillosa,
esa predilección por la palabra bordada y burilada. Donde mejor se observa
esta influencia del poeta nicaragüense es en “A Néstor”, donde predominan
las metáforas, las alegorías y las descripciones mágicas, pero aquí, sin
embargo, citaremos la “Oración” incluida en la alegoría “A Rubén Darío en su
última peregrinación” donde es el mismo poeta quien a la muerte de Rubén le
agradece toda su influencia y sus enseñanzas.
¡Rubén, arca del sacro pensamiento latino!
Tu índice iluminado nos señaló un camino,
mas era sólo tuya la inmaterial virtud.
Ritos y formas nuevas buscó tu poesía...
¡Maestro! Al fin hallaste la perfecta Armonía.
¡La última pauta lírica reposa en tu quietud!
Perdón si es que el poeta, loco o irreverente,
puso un pagano mirto sobre tu helada frente
y vertió, en vez de lágrimas, rocío, vino, miel...
Que, al exprimir la viña sabrosa de tus días,
vio cómo a los cipreses las rosas preferías,
y al funerario sauce, los brotes del laurel.
Llore el ciprés al muerto, no al que es eterno y fuerte:
la pena de los dioses es no alcanzar la muerte
-clamó tu boca un día, soberbia de ideal.
No fue tuyo el destino de los demás humanos:
-Thanatos y el Olvido son logaritmos vanos-
El Verbo, la substancia del Dios, te hizo inmortal.
Febrero de 1916
(“Alegorías”, Libro II de Las Rosas de Hércules)
De Tomás Morales escriben el poeta Gabriel Alomar, Ramírez Ángel, Ramiro de
Maeztu, Díez Canedo, Antonio Machado, Edmundo González Blanco, Valentín de
Pedro, Carmen de Burgos, etc.
En cuanto a su influencia en otros artistas contemporáneos destacamos a
Fernando González, quien quizás pudiera apellidarse “el discípulo de Tomás
Morales”, Saulo Torón y Alonso Quesada.
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 Tomás Morales, 1913 |
1884 Nace en
Moya, Gran Canaria, el 10 de Octubre, en la casa actualmente convertida en Casa-Museo. 1891
Ingresa como interno en el Colegio de San Agustín, de Las Palmas, en donde coincidirá
con Luis Doreste Silva, Néstor de la Torre, Rafael de Mesa, Jerónimo Mejías, Bernardino
Valle y Gracia, Ramón Medina Nebot y, poco después, con Rafael Romero (Alonso Quesada).
1898 Por esta época su padre emigra a Cuba y el resto de la familia
pasa a residir en Las Palmas.
1899 Termina el bachillerato y compone los primeros versos de que se
tiene noticia.
1900 Inicia los estudios de Medicina en la Universidad de Cádiz
1902 Su primer poema publicado aparece en el periódico El
Telégrafo, de las Palmas. La formulación de este poema, lo mismo que la de los otros
que envía al mismo diario hasta avanzada 1903, muestra que aún no ha sido influido por
la corriente modernista.
1903 Publica una pequeña narración en el mismo periódico.
1904 Este curso es el último que sigue en la Universidad de Cádiz.
1905 Ingresa en la Universidad de Madrid. Es introducido en algunos
medios literarios de la capital por Ángel Guerra (José Betancor Cabrera) y Luis Doreste
Silva. Publica en la revista Renacimiento Latino, de Villaespesa, el primero de sus
poemas conocidos en que se evidencia el contagio de la nueva sensibilidad.
1906 Viene participando en las reuniones que se celebran en las casas
de Villaespesa y Carmen de Burgos (Colombine) y en tertulias del «Café
Universal».
1907 Empieza a publicar poemas y notas sobre libros en la Revista
Latina, de Villaespesa.
1908 Aparece su primer libro, Poemas de la Gloria, del Amor y del
Mar. Colabora con poemas y recenciones en la Revista Crítica, de Colombine.
1909 Termina la carrera de Medicina. Publica trabajos en prosa en
la prensa de Las Palmas.
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 Retrato de
Tomás Morales,
por Nicolás
Massieu y Matos
(fragmento), 1911 |
1910 El grupo teatral «Los Doce» estrena en Las Palmas su pieza
dramática, en prosa, La cena en casa de Simón, luego titulada La cena de
Bethania. Recibe el título de médico y obtiene el primer premio en los Juegos
Florales de Las Palmas, en los que actuó como mantenedor Unamuno. Ejerce por un tiempo
como médico sustituto de Agaete (Gran Canaria).
1911 Es nombrado médico titular de Agaete.
1913 Viaje de Colombine a Las Palmas. No se produce ningún
encuentro entre ella y Tomás morales, que reside en la villa norteña de Agaete.
1914 Se casa en Agaete con Leonor Ramos de Armas. Comienza a escribir
poesía después de un período de inactividad de casi cinco años. Por esta época
empezará a proyectar su segunda obra: Las Rosas de Hércules (Libro II).
1915 Nace el primero de sus cuatro hijos.
1919 Renuncia como médico de Agaete y pasa a ejercer la profesión en
Las Palmas. Inicia su intervención no intensa en la política local, encuadrado en la
rama del Partido Liberal, de tendencia renovadora, conocida como «los franciscanos», por
el nombre del jefe insular de la facción (Francisco Manrique de Lara). Viaja a Madrid
para tramitar y vigilar la edición de Las Rosas de Hércules (libro II), en cuya
preparación ha venido trabajando.
1920 Lectura de una parte de Las rosas de Hércules en el
Ateneo de Madrid. Principia a circular esta obra, cuya impresión había finalizado el
último día del año anterior. Regresa a Las Palmas y avanza en los preparativos para la
edición del Libro I de Las Rosas de Hércules, a formar con el grueso del
contenido de su primera obra (Poemas de la Gloria , del Amor y del Mar) y con
piezas de reciente creación. Escribe y proyecta poemas para un nonato Libro III de Las
Rosas de Hércules.
1921 Es designado vicepresidente del Cabildo Insular de Gran Canaria;
en alguna ocasión ejerce como presidente accidental. Muere en Las Palmas, el 15 de
agosto.
1922 Se publica el Libro I de Las Rosas de Hércules. |
 Busto del poeta,
realizado por
Victorio Macho,
1922 |
FINAL
Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño:
argonauta ilusorio de un país presentido,
de alguna isla dorada de quimera o de sueño
oculta entre las sombras de lo desconocido...
Acaso un cargamento magnífico encerraba
en su cala mi barco, ni pregunté siquiera;
absorta mi pupila las tiniebla sondaba
y hasta hube de olvidarme de clavar la bandera...
Y llegó el viento Norte, desapacible y rudo;
el vigoroso esfuerzo de mi brazo desnudo
logró tener un punto la fuerza del turbión;
para lograr el triunfo luché desesperado,
y cuando ya mi brazo desfallecía, cansado,
una mano, en la noche, me arrebató el timón...
Tomás Morales
Final de Los puertos, los mares y los hombres del Mar
Poemas del Mar. Libro I. Las Rosas de Hércules
|
Bibliografía esencial
.gif) |
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·
MORALES,
Tomás. Las Rosas de Hércules,
II.
Imprenta Clásica Española. Madrid, 1919.
·
MORALES,
Tomás. Las Rosas de Hércules,
I.
Imprenta Clásica Española. Madrid, 1922.
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MORALES,
Tomás. Poemas del mar,
Librería
Hespérides. Santa Cruz de Tenerife, Ca. 1940.
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BENÍTEZ,
Simón: "Nuestro Tomás Morales". El Museo Canario, 29- 30 (enero-junio
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Tomás. Las Rosas de Hércules,
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Sebastián de la. Tomás Morales. Su vida, su tiempo y su obra, 2
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Tomás. Vacaciones sentimentales,
Ayuntamiento de Moya. Las Palmas, 1971.
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Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria Las Palmas. 1971.
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Tomás. Las Rosas de Hércules.
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Tomás. Las Rosas de Hércules,
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Viceconsejería de Cultura y Deportes del
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SOSA, Manuel (Ed.). Tomás Morales. Suma
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Santa Cruz de Tenerife, 1992.
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SÁNCHEZ
ROBAYNA, Andrés: "Más sobre la «protohistoria»
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SÁNCHEZ
ROBA YNA, Andrés: "Poesía primera de Tomás
Morales: otros textos desconocidos". Estudios Canarios,
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Modos
Modernistas: La Cultura del Modernismo en Canarias (1900-1925).
Ediciones
de Cabildo de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, 2000.
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MORALES,
Tomás. Las Rosas de Hércules; lectura de Andrés Sánchez
Robayna. Ed.
Mondadori. Barcelona, 2000.
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SÁNCHEZ
ROBAYNA, Andrés: "Epistolario Tomás Morales-Saulo
Torón". Estudios Canarios, XLIV, 2000.
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Moralia I.
Nuevas obras de arte. Casa-Museo Tomás Morales. (Adquisiciones, donaciones,
depósitos).
Ed. Cabildo de Gran Canaria. Las Palmas de Gran
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GUERRA
SÁNCHEZ, Oswaldo. Un modo de pertenecer al mundo. (Estudios sobre Tomás
Morales). Ed. Cabildo de Gran Canaria, Las
Palmas de Gran Canaria, 2002.
·
Moralia
II. Nuevas obras de arte. Casa-Museo Tomás
Morales. (Adquisiciones, donaciones, depósitos).
Ed. Cabildo de Gran Canaria. Las Palmas de Gran
Canaria, 2003.
·
MORALES,
Tomás.
Poemas.
Colección “A toda vela”.
Septem Comercial Canaria del Libro. Santa Cruz de Tenerife, 2003. |
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